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EL CRITICISMO
El criticismo es la doctrina expuesta por IMMANUEL KANT, el
cual decía que el conocimiento se da gracias a las ideas a priori que hay en la
mente y a la experiencia q ofrece ideas a posteriori.
Kant denomina el criticismo como:
"aquel método de
filosofar que consiste en
investigar las propias afirmaciones y
objeciones y las razones en las que las
mismas descansan,
método que da la
esperanza de llegar a la certeza".
El criticismo comienza con una doble crítica al racionalismo
y al empirismo, pues se considera que estos dos planteamientos han tenido en
cuenta sólo un punto de vista de la realidad por lo que no han tomado en cuenta
el papel activo que deben desarrollar las personas en el acto de conocer.
IMMANUEL KANT:
A finales del siglo XVII y principios del XVIII, como
protesta contra la ortodoxia religiosa, en la que predominaban las formas
dogmáticas frente a la vivencia de la fe, se extendió por Alemania el pietismo,
tendencia religiosa que fue seguida por los padres de Kant, y que sin duda
ejerció una honda influencia en Kant, quien se refiere a sus padres siempre con
veneración, recordando a su madre como una persona bondadosa, austera y
profundamente religiosa.
A los ocho años de edad, en 1732, ingresa en el
la mejor escuela de
Königsberg, que sería dirigida
desde 1733 por F. A.
Schultz, quien había estudiado
Teología en Halle con
los pietistas y filosofía con
C. Wolff, y que era amigo y consejero de la familia
de Kant. El pietismo
dominaba también toda la
organización del
colegio, lo que suponía una
profunda religiosidad y un tipo de vida dominado por la
austeridad. Allí adquirió Kant sólidos conocimientos de las lenguas clásicas,
así como de matemáticas y lógica.
En 1740 ingresó en la Universidad de Königsberg, que contaba
entonces con tres Facultades "superiores" (Teología, Derecho,
Medicina) y una "inferior" (Filosofía). Kant se matriculó en la
Facultad de Filosofía, según era costumbre, sin inscribirse en ninguna de las
Facultades "superiores". Allí asistió a las lecciones de Teología de
Schultz, pero centró su interés en la Filosofía, las Matemáticas y las Ciencias
naturales.
La filosofía entonces predominante en Alemania era el
racionalismo de Christian Wolff, quién publicó sus obras en alemán, y no en
latín, como era todavía la costumbre mayoritaria, penetrando su pensamiento
profundamente en todos los círculos culturales de mediados del siglo XVIII.
También en la Universidad de Königsberg dominaba la filosofía de Wolff. Allí
entabló Kant amistad con uno de sus profesores, M. Knutzen, wolfiano, quien le
inició en el estudio de las obras de Newton y Wolff, y puso a su disposición su
biblioteca personal. Pero también se puso al corriente de las tendencias
empiristas que procedían de Inglaterra y de los ideales de la Ilustración, de
Francia.
En 1747 termina sus estudios en la Universidad y ejercerá,
hasta 1754, como profesor privado en Judschen, Osteroden y Königsberg, siendo
muy apreciado por los familiares de sus discípulos. En 1755 obtendrá en la
Universidad de Königsberg el título de Doctor en Filosofía, con una disertación
"Sobre el fuego". Posteriormente defendió una tesis en latín sobre
los primeros principios de la Filosofía, con la que obtuvo la habilitación para
ejercer como profesor auxiliar (Privatdozent) en la Universidad de Königsberg,
en la que permanecería ya a lo largo de toda su carrera docente.
Como Privatdozent, puesto que ocupó durante 15 años, le
correspondía enseñar las más variadas disciplinas, como matemáticas, física,
lógica, metafísica, antropología y geografía, etc., contándose estas dos
últimas entre sus lecturas preferidas, y alcanzando sus conferencias sobre
estos temas gran difusión entre sus discípulos y el público en general. En 1769
las Universidades de Erlangen y Jena le ofrecieron sendas cátedras que Kant
rechazó, siendo propuesto al año siguiente para la de Lógica y Metafísica de la
Universidad de Königsberg, tomando posesión de ella el año 1770 con la famosa
Disertación "Sobre la forma y principios del mundo sensible e inteligible",
que se considera como el punto de partida del llamado "período
crítico", a lo largo del cual Kant desarrollará su propia filosofía.
Con su nombramiento como Catedrático su labor docente le
ocupa menos tiempo, pudiendo dedicarse más intensamente a ordenar sus
pensamientos y a desarrollar su filosofía. Pero el tiempo que creía suficiente
para ello se fue alargando considerablemente y, pese a haber anunciado
repetidamente la aparición de su obra, ésta no será publicada hasta 11 años
después, en 1781, con el título de "Kritik der reinen Vernunft"
(Crítica de la razón pura). A ella le siguieron, con relativa continuidad, los
"Prolegómenos para toda metafísica futura", en 1783, en la que
pretendía exponer con mayor claridad que en la anterior los principios de su
filosofía, la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres", en
1785, y, entre otras, sus dos restante obras "Críticas". (Ver obras).
En 1783 compró una casa en Königsberg en la que viviría
hasta su muerte. Kant gustaba de las relaciones sociales, (aunque no contrajo
matrimonio), y matuvo una tertulia con un grupo de amistades a lo largo de toda
su vida. Excepto en sus años de profesor particular, Kant no salió de
Königsberg, donde llevó una vida que se caracterizó por su sencillez,
regularidad, y ausencia de perturbaciones, a no ser el conflicto que mantuvo
con la censura bajo el reinado de Federico Guillermo II, a raíz de la
publicación de su obra "La religión dentro de los límites de la mera
razón". Probablemente el emperador se sintiera amenazado por la difusión
de los ideales de la Ilustración en Alemania y el triunfo de la Revolución
francesa, de los que Kant era ferviente admirador. Kant se vio obligado a
firmar un escrito comprometiéndose a no volver a hablar ni a escribir
públicamente de religión, promesa de la que se sintió desvinculado a la muerte
del emperador, ocurrida en 1797.
El 12 de febrero de 1804 moría en su ciudad natal, siéndole
rendidos los últimos honores en un gran funeral. Para entonces la filosofía de
Kant había alcanzado ya gran difusión y aceptación en los principales círculos
culturales de Alemania y un considerable eco en el resto de Europa.
EL IDEALISMO
El idealismo es la familia de teorias filosoficas que
afirman la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente. Un
sinónimo es el inmaterialismo.
Según Mario Bunge, existen dos variantes principales del
idealismo: el objetivo y el subjetivo.
El idealismo supone que los objetos no pueden tener
existencia sin que haya una mente que esté consciente de ellos. Para poder
conocer las cosas, se debe tomar en cuenta la conciencia, las ideas, el sujeto
y el pensamiento. Platón, Berkeley y Kant son algunos de sus representante.
El idealismo bjetivo sostiene que las ideas existen por sí
mismas y que sólo podemos aprenderlas o descubrirlas mediante la experiencia.
Algunos representantes del idealismo objetivo son Leibniz, Hegel, Bernard
Bolzano, Dilthey.
La ciencia y la tecnología no interfieren en el idealismo,
pues ambas dependen sobre todo de la percepción del mundo exterior para
modificarlo conforme al conocimiento. Donde la percepción en sí, no es ninguna
temática contraria al idealismo.
HEGEL:
Las obras de Hegel tienen fama de difíciles por la amplitud de los temas que pretenden abarcar. Hegel introdujo un sistema para entender la historia de la filosofía y el mundo mismo, llamado a menudo “dialéctica”: una progresión en la que cada movimiento sucesivo surge como solución de las contradicciones inherentes al movimiento anterior. Por ejemplo, la Revolución francesa constituye para Hegel la introducción de la verdadera libertad a las sociedades occidentales por primera vez en la historia.
Sin embargo, precisamente por su novedad absoluta, es
también absolutamente radical: por una parte, el aumento abrupto de violencia
que hizo falta para realizar la revolución no puede dejar de ser lo que es, y
por otra parte, ya ha consumido a
su oponente. La revolución, por consiguiente, ya no tiene
hacia dónde volverse más que a su propio resultado: la libertad conquistada con
tantas penurias es consumida por un brutal Reinado del terror. La historia, no
obstante, progresa aprendiendo de sus propios errores: sólo después de esta
experiencia, y precisamente por ella, puede postularse la existencia de un
Estado constitucional de ciudadanos libres, que consagra tanto el poder
organizador benévolo del gobierno racional y los ideales revolucionarios de la
libertad y la igualdad. "En el pensamiento es donde reside la
libertad".
En las explicaciones contemporáneas del hegelianismo para
las clases preuniversitarias, por ejemplo: la dialéctica de Hegel a menudo
aparece fragmentada, por comodidad, en tres momentos llamados “tesis” (en
nuestro ejemplo, la revolución), “antítesis” (el terror subsiguiente) y
“síntesis” (el estado constitucional de ciudadanos libres). Sin embargo, Hegel
no empleó personalmente esta clasificación en absoluto; fue creada
anteriormente por Fichte en su explicación más o menos análoga de la relación
entre el individuo y el mundo. Los estudiosos serios de Hegel no reconocen, en
general, la validez de esta clasificación, aunque probablemente tenga algún
valor pedagógico.
El historicismo creció significativamente durante la
filosofia de Hegel. De la misma manera que otros exponentes del historicismo,
Hegel consideraba que el estudio de la historia era el método adecuado para
abordar el estudio de la ciencia de la sociedad, ya que revelaría algunas
tendencias del desarrollo histórico. En su filosofía, la historia no sólo
ofrece la clave para la comprensión de la sociedad y de los cambios sociales,
sino que es tomada en cuenta como tribunal de justicia del mundo.
La filosofía de Hegel afirmaba que todo lo que es real es también racional y que todo lo que es racional es real. El fin de la historia era, para Hegel, la parusía del espíritu y el desarrollo histórico podía equipararse al desarrollo de un organismo, los componentes trabajan afectando al resto y tienen funciones definidas. Hegel dice que es una normadivina, que en todo se halla la voluntad de Dios, que es conducir al hombre a la libertad; por ello es panteista. Justifica así la desgracia histórica: toda la sangre y el dolor, la pobreza y las guerras son "el precio" necesario a pagar para lograr la libertad de la humanidad.


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